Llevo varios días pululando entre varios libros y de repente me he encontrado con esta cita de un escritor argentino y universal:
Si un libro aburre, déjelo. No lo lean porque es famoso. No lo lean porque es moderno. No lo lean porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo. Leer es buscar una felicidad personal, un goce personal. Si no caemos en la tristeza de las bibliografías, de las citas.
Gracias Borges.
Diciéndolo vos que sois un sabio me siento mucho mejor.
(No desvelaré el título del susodicho, simplemente lo esconderé en uno de los altillos, quizás cuando dentro de unos años lo redescubra consiga leerlo gustosamente).
Un blog que quería ser una ventana abierta a todas las cosas que me gustan. Al final se está convirtiendo en una mezcla extraña de libros, cómics y gatos. Mi único objetivo: un lugar para compartir y recordar aquellas historias que pasan por mis manos.
martes, 8 de mayo de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
Vuelta al mundo de El Petit Nicolas
Es increíble cómo de repente se pueden poner en marcha los mecanismos del laberinto de tu cerebro hasta llevarte a lugares en los que viviste en la infancia. O con los que te reiste. Este es el caso de la peli de Le petit Nicolas (Tirard, 2009) que aunque puede que no sea nada del otro mundo me ha hecho recordar tantas cosas que estaban en mi subconsciente... Y yo sin saberlo!
Que Renné Gosciny (1926-1977) es un clásico de la literatura infantil nadie puede ponerlo en entredicho (El Petit Nicolás, Asterix y Obelix, Lucky Luck, Iznogoud). Y aún así no deja de sorprenderme su capacidad de empatía para ponerse en la mirada de un niño (o en la de un niño-adulto como es el caso). Por supuesto las imágenes de Jean-Jaques Sempé acompañan, ¡y tanto! hacen que las novelas se inscriban con fuego rojo en la memoria.
Nicolás tiene hoy 53 años y las historias que comparte con sus amigos siguen siendo igual de entrañables. Los personajes, tan bien caracterizados, parece que sean amigos íntimos de los que sepamos advertir cada una de sus reacciones. Como si un colega te estuviese contando la última que hicieron aquél día, o lo que pasó en ese viaje. Compartiendo triunfos y humillaciones, situaciones infantiles que sólo a través de los años logras entender.
O al contrario.
Cuando era niña, comprendía muy bien lo que contaba Nicolás, estaba en su piel y tenía toda la razón del mundo con sus reivindicaciones.
En la película los dos personajes que más me han gustado sin ninguna duda han sido los siguientes:
1. Agnan: El sabelotodo, el preferido de la profesora que siempre levanta la mano, no se le puede pegar porque lleva gafas (aunque alguna se escapa), el chivato.
2. Clotaire: Que quiere ser ciclista profesional y siempre está pensando en su bici. Se sienta al final de la clase, nunca se entera de nada y siempre le castigan cara a la pared. El actor que lo interpreta es el futuro Gabino Diego del cine francés. Me encanta.
lunes, 23 de abril de 2012
"El invierno en Lisboa" de Antonio Muñoz Molina

El invierno en Lisboa (1987) es la segunda novela de Muñoz Molina. La primera, Beatus Ille, la publicó el año anterior y es seguramente esta genial obra junto a la aparición de una reseña amiga lo que finalmente me ha animado a retomar la literatura en castellano. Y no he podido tener mejor suerte en este libro que ha caído (prestado) del cielo.
A pesar del título, la primera parte de la novela transcurre en un San Sebastian que huele bourbon y a notas de jazz mezclado con el humo azulado que se condensa en los clubes nocturnos, en este caso el garito lleva por nombre Lady Bird. El protagonista es un pianista melancólico que toca en las sombras, un solitario que pasea oliendo el mar del norte sintiendo cómo la humedad se va colando en sus huesos.
La segunda parte es mucho más cinematográfica ya que la acción fluye con rapidez y tiene como telón de fondo una Lisboa que no conozco, porque es la Lisboa de hace 20 años, más decrépita y más suburbio y por eso quizás más auténtica.
Al final se trata de una obra que no puede entenderse sin esos lugares, reales o soñados por los amados o las dos cosas al mismo tiempo:
Los nombres, como la música, me dijo una vez Biralbo con la sabiduría de la tercera o cuarta ginebra, arrancan del tiempo a los seres y a los lugares que aluden, instituyen el presente sin otras armas que el misterio de su sonoridad. Por eso él pudo componer la canción sin haber estado nunca en Lisboa: la ciudad existía antes de que él la visitara igual que existe ahora para mí, que no la he visto, rosada y ocre al mediodía, levemente perfumada por las sílabas de su nombre como de aliento oscuro, Lisboa, por la tonalidad del nombre de Lucrecia. Pero hasta de los nombres es preciso despojarse, afirmaba Biralbo, porque también en ellos habita una clandestina posibilidad de memoria, y hace falta arrancársela entera para poder vivir, decía, para salir a la calle y caminar hacia un café como si de verdad uno estuviera vivo.
Es una novela que hay que beber pausadamente, absorbiendo cada una de las palabras que no están colocadas al azar y tienen algo de la belleza de quien guarda un misterio. Este juego de ida y vuelta, de retales que se van mezclando y sumando hasta conformar el puzzle final es precisamente una de las grandes cualidades del escritor. Un relato de amor y de encuentros y desencuentros efímeros, a veces forzados, otras fortuitos. Una historia contado con arte, buena literatura en la que nos podemos imaginar vivos a los personajes, como si en algún momento de nuestro pasado borroso hubiésemos coincidido con ellos en la barra de un bar. O mejor aún, como si solamente los hubiésemos presentido, sentándonos en la banqueta que dejan libre con los hielos del cubata todavía sin deshacer, viendo desaparecer su silueta, las solapas del abrigo levantadas y la música de jazz sonando vibrante.
jueves, 19 de abril de 2012
Lettre à un otage (Carta a un rehén) de Saint-Exupéry
Después de haber leido la poética novela Vol de Nuit he decido continuar leyendo a Saint-Exupéry. Entre mis nuevas adquisiciones está también Terre des hommes. Espero que esta obra finalmente me convezca para leer El principito, porque el estilo literario que encontré en la primera novela ha desaparecido en Lettre à un otage, claro que su naturaleza es bien distinta.
Saint-Exupèry escribió este texto como prefacio a una las novelas de su mejor amigo, Leon Werth, cuando éste permanecía escondido en Francia por sus orígenes judíos en el contexto de la Segunda Guerra mundial. Su libro no pudo salir y el escritor eliminó toda referencia directa a su amigo en el texto. Es así de la única manera en la que se puede entender la Carta a un rehén. La obra se compone de seis capítulos cortos, que hablan de episodios recientes de la vida de Saint-Exupéry: viaje a Portugal, el Sahara, los Estados Unidos... y también España, más concretamente Cataluña, donde acudió como periodista para cubrir la Guerra Civil y fue arrestado por unos anarquistas.
Resulta un texto bastante nacionalista y lleno de morriña, Saint-Exupéry se siente como un desertor que se encuentra lejos de Francia en momentos tan difíciles. En un mundo donde las comunicaciones internacionales resultaban tan complejas, la obra se convierte en un homenaje a la amistad, sobre todo la de los amigos que aunque estén lejos siguen con nosotros en cada momento.
Argumento/Sujet *
Creatividad/Creativité **
Personajes/Personnages **
Amenidad/Amenité **
Vocabulario/Vocabulaire ***
Saint-Exupèry escribió este texto como prefacio a una las novelas de su mejor amigo, Leon Werth, cuando éste permanecía escondido en Francia por sus orígenes judíos en el contexto de la Segunda Guerra mundial. Su libro no pudo salir y el escritor eliminó toda referencia directa a su amigo en el texto. Es así de la única manera en la que se puede entender la Carta a un rehén. La obra se compone de seis capítulos cortos, que hablan de episodios recientes de la vida de Saint-Exupéry: viaje a Portugal, el Sahara, los Estados Unidos... y también España, más concretamente Cataluña, donde acudió como periodista para cubrir la Guerra Civil y fue arrestado por unos anarquistas.
Resulta un texto bastante nacionalista y lleno de morriña, Saint-Exupéry se siente como un desertor que se encuentra lejos de Francia en momentos tan difíciles. En un mundo donde las comunicaciones internacionales resultaban tan complejas, la obra se convierte en un homenaje a la amistad, sobre todo la de los amigos que aunque estén lejos siguen con nosotros en cada momento.
Argumento/Sujet *
Creatividad/Creativité **
Personajes/Personnages **
Amenidad/Amenité **
Vocabulario/Vocabulaire ***
viernes, 13 de abril de 2012
"En attendant Godot" (Esperando a Godot) de Samuel Beckett
Samuel Beckett (Dublín, 1906- París, 1989) es el autor de Esperando a Godot, una de las obras cumbre del conocido como Teatro del Absurdo, encuadrado dentro del experimentalismo literario. Desde que se estrenase la obra en 1953 se dice que no ha habido ni un sólo día en el que no se haya representado en algún lugar del planeta. Aunque la lengua materna de Beckett era el inglés, eligió el francés como lengua de escritura, ya que consideraba que en francés es más fácil escribir sin estilo.
Un crítico literario resumió la obra: Nada pasa, dos veces, haciendo referencia a los dos actos de la obra. Efectivamente el argumento no tiene ni principio ni fin, dos personajes, Estragon y Vladimir, esperan a Godot y se dicen: ya que tenemos que esperar aquí, hagamos algo para pasar el tiempo, hablemos para no aburrirnos.
Se trata de un tiempo que está fuera de la realidad, donde los días transcurren sin mayores cambios. Godot es la esperanza del futuro que nunca llega, el pasado y el presente no tienen sentido y, con frecuencia, se olvidan.
Encontramos de este modo algunas de las características principales del Teatro del Absurdo: no interesa narrar sino exponer una situación, los diálogos son reiterativos y no fluyen armoniosamente, las respuestas y los contenidos reiterativos, se utiliza el silencio.
Existen distintas lecturas en relación a la simbología de la obra. Una de ellas apunta la relación con los Hermanos Marx, ya que existen cuatro personajes, uno de ellos mudo y otro de nombre italiano. En esta línea se relacionarían algunas de las escenas de la obra con el mundo del circo o las películas cómicas mudas. El juego de los sombreros aparece en la obra:
Otra teoría recurrente es relacionar a Godot con Dios (God), aunque Samuel Beckettsiempre lo negó. Esta visión dotaría a la obra de un significado existencialista más contundente. Enlazaría también con otra de los simbolismos más comúnmente aceptados: el personaje de Pozzo es el de un explotador, que abusa tiránicamente de su criado Lucky (lo lleva atado con una cuerda como si fuese un perro), quien ni siquiera es capaz de pensar por sí mismo si no se le ordena. Pozzo utiliza como excusa la búsqueda de Godot para que los otros se queden y hablen con él, en lo que se considera un paralelismo del uso de la devoción a las masas por parte de líderes oportunos.
El escenario que plantea Beckett es acorde con el contenido de la obra y se reduce al mínimo, de esta manera se refuerza la idea del vacío y de la nada.

En attendant Godot es una obra de teatro cuyo argumento continua siendo actual. Quizás el lenguaje absurdo no nos impacta tanto como en los años 50 o 70 pero es necesario comprender que se trataba de una obra pionera en este sentido. Es una lectura difícil si la realizamos en versión original (como ha sido el caso) sobre todo por los juegos de palabras y los diálogos entrecortados. A pesar de ello podemos lograr captar el humor que subyace de fondo en algunas de las escenas.
El ejemplar que he leído es de Les éditions de miniuit y me ha gustado mucho. Su encuadernación es sencilla y sobria: una simple cartulina blanca y páginas que se tornarán amarillentas.
Muy acorde con la obra.
Un crítico literario resumió la obra: Nada pasa, dos veces, haciendo referencia a los dos actos de la obra. Efectivamente el argumento no tiene ni principio ni fin, dos personajes, Estragon y Vladimir, esperan a Godot y se dicen: ya que tenemos que esperar aquí, hagamos algo para pasar el tiempo, hablemos para no aburrirnos.
Se trata de un tiempo que está fuera de la realidad, donde los días transcurren sin mayores cambios. Godot es la esperanza del futuro que nunca llega, el pasado y el presente no tienen sentido y, con frecuencia, se olvidan.
Encontramos de este modo algunas de las características principales del Teatro del Absurdo: no interesa narrar sino exponer una situación, los diálogos son reiterativos y no fluyen armoniosamente, las respuestas y los contenidos reiterativos, se utiliza el silencio.
Existen distintas lecturas en relación a la simbología de la obra. Una de ellas apunta la relación con los Hermanos Marx, ya que existen cuatro personajes, uno de ellos mudo y otro de nombre italiano. En esta línea se relacionarían algunas de las escenas de la obra con el mundo del circo o las películas cómicas mudas. El juego de los sombreros aparece en la obra:
Otra teoría recurrente es relacionar a Godot con Dios (God), aunque Samuel Beckettsiempre lo negó. Esta visión dotaría a la obra de un significado existencialista más contundente. Enlazaría también con otra de los simbolismos más comúnmente aceptados: el personaje de Pozzo es el de un explotador, que abusa tiránicamente de su criado Lucky (lo lleva atado con una cuerda como si fuese un perro), quien ni siquiera es capaz de pensar por sí mismo si no se le ordena. Pozzo utiliza como excusa la búsqueda de Godot para que los otros se queden y hablen con él, en lo que se considera un paralelismo del uso de la devoción a las masas por parte de líderes oportunos.
El escenario que plantea Beckett es acorde con el contenido de la obra y se reduce al mínimo, de esta manera se refuerza la idea del vacío y de la nada.

En attendant Godot es una obra de teatro cuyo argumento continua siendo actual. Quizás el lenguaje absurdo no nos impacta tanto como en los años 50 o 70 pero es necesario comprender que se trataba de una obra pionera en este sentido. Es una lectura difícil si la realizamos en versión original (como ha sido el caso) sobre todo por los juegos de palabras y los diálogos entrecortados. A pesar de ello podemos lograr captar el humor que subyace de fondo en algunas de las escenas.
El ejemplar que he leído es de Les éditions de miniuit y me ha gustado mucho. Su encuadernación es sencilla y sobria: una simple cartulina blanca y páginas que se tornarán amarillentas.
Muy acorde con la obra.
El Teatro del Absurdo
La época dorada del Teatro del Absurdo son los años 50, en el contexto de la caída del humanismo y el traumatismo causado por la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hasta 1961 no se acuñaría el término y será en los años 70 cuando realmente se manifieste su influencia que inevitablemente llega hasta nuestros días.
No se trata de un movimiento, una escuela, nos encontramos con un panorama bastante heterogéneo en el cual podríamos destacar autores como Samuel Beckett, Jean Genet, Eugène Ionesco, Arthur Adamov y por la parte que nos toca, Fernando Arrabal.
Es un nuevo teatro que rompe con los géneros más clásicos y cuyo punto de partida es "lo absurdo de la vida". Son obras plagadas de palabras y acciones contradictorias (en una escena de "Esperando a Godot" los actores se despiden, pero no se mueven) que tratan de cuestionar el sentido del mundo, encuadrándose dentro de la corriente filosófica del existencialismo que ya habían experimentado autores como Albert Camus con "El extranjero" o Jean Paul-Sartre con "El ser y la nada", cuyos personajes simplemente deambulaban por la vida.
Mi madre me dice a veces que soy "una existencialista" y en realidad lo absurdo siempre me ha atraído, sobre todo la parte que implica ver el mundo con humor: el dilema eterno del tiempo, la libertad física o metafísca, la naturaleza de la humanidad, la vida y la muerte. Somos nosotros los que de forma individual creamos el significado y la esencia de nuestras vidas, si es que la tiene.
Pero volvamos a la magia del Teatro del Absurdo.
El lenguaje queda restringido a una función puramente lúdica, en ocasiones los personajes luchan por encontrar el sentido de las palabras con anguistia, poniendo de manifiesto la dificultad del hombre para comunicarse. Como afirmaba Eugène Ionesco: Cuentan sólo las palabras, el resto es charlatanería.
Los personajes son arquetipos que tienen una imagen irreal de ellos mismos, de los demás y finalmente del mundo, en lo que podría considerarse como una búsqueda infructífera de su propia identidad. En definitiva, se hacen preguntas y establecen hipótesis, cuestionan el mundo, pero al final no hayan ninguna solución a los problemas planteados. Es absurdo.
Algunos apuntan las influencias de los surrealistas y los dadaístas en estos autores. Personalmente me quedo con las raíces cinematográficas del movimiento: Charles Chaplin, Stan Laurel y Oliver Hardy (El Gordo y el Flaco), Buster Keton y los Hermanos Marx.
Os dejo con la escena del espejo de Sopa de Gansos:
martes, 10 de abril de 2012
"Une forme de vie" (Una forma de vida) de Amélie Nothomb
"Une forme de vie" (2010) es el penúltimo libro de Amélie Nothomb: un relato sobre su supuesta correspondencia con un militar americano destinado en Irak.
Aunque me gusta su estilo, he de reconocerlo, Amélie Nothomb no me acaba de convencer (perdón). La obra que acabo de leer, que se mueve entre el género epistolar, novelesco y autobiográfico, me deja un poco vacía. Quizás, como en tantas ocasiones, son las expectativas las que condicionan mi discurso, lleno de "sí, pero...", o quizás sea esa tendencia de la autora a llevarlo todo hacia precisamente el último género, la autobiografía.
Escribe bien, utiliza un lenguaje muy claro y directo. Frases cortas y precisas. Argumentos llenos de sorpresas que entiendo que enganchen a mucha gente. Sin resultar demasiado trascendental realiza reflexiones interesantes -aunque a veces parece que las dejase caer, como si simplemente esperase que el lector se agachase a recogerlas y meditarlas -acerca de los seres humanos, sobre todo los solitarios, los frikis y en lo que he podido leer de ella ("Hygiène de l'assassain" y "Biographie de la faim") sobre los gordos.
Es posible que sea su obsesión con la obesidad uno de los motivos que me tira un poco para atrás. Describe muy bien las carnes mórbidas: es, sin ninguna duda, la mejor autora que he encontrado en esto. Pero a mí la verdad es que acaba por resultarme hastioso.
Quitando todo este velo de prejuicios reconocidos, Una forma de vida es un libro muy leíble (como dice en varias ocasiones en el libro, ¡qué pleonasmo!).
"Si, pero..."
Pues bueno, una novelita para estar entretenido, que ya es bastante (y no lo digo con ninguna ironía ni desprecio eh! No le quito ni un ápice al mérito de conseguirlo). Pero para quien busque algo más... Justito.
Para ilustrar el post y lo que vengo de decir, os dejo con Moderna de Pueblo y su "Cada vez tenía más amigos culturetas", en el que precisamente aparece la susodicha:
Argumento/Sujet ***
Creatividad/Creativité ***
Personajes/Personnages ***
Amenidad/Amenité ***
Vocabulario/Vocabulaire *****
Aunque me gusta su estilo, he de reconocerlo, Amélie Nothomb no me acaba de convencer (perdón). La obra que acabo de leer, que se mueve entre el género epistolar, novelesco y autobiográfico, me deja un poco vacía. Quizás, como en tantas ocasiones, son las expectativas las que condicionan mi discurso, lleno de "sí, pero...", o quizás sea esa tendencia de la autora a llevarlo todo hacia precisamente el último género, la autobiografía.
Escribe bien, utiliza un lenguaje muy claro y directo. Frases cortas y precisas. Argumentos llenos de sorpresas que entiendo que enganchen a mucha gente. Sin resultar demasiado trascendental realiza reflexiones interesantes -aunque a veces parece que las dejase caer, como si simplemente esperase que el lector se agachase a recogerlas y meditarlas -acerca de los seres humanos, sobre todo los solitarios, los frikis y en lo que he podido leer de ella ("Hygiène de l'assassain" y "Biographie de la faim") sobre los gordos.
Es posible que sea su obsesión con la obesidad uno de los motivos que me tira un poco para atrás. Describe muy bien las carnes mórbidas: es, sin ninguna duda, la mejor autora que he encontrado en esto. Pero a mí la verdad es que acaba por resultarme hastioso.
Quitando todo este velo de prejuicios reconocidos, Una forma de vida es un libro muy leíble (como dice en varias ocasiones en el libro, ¡qué pleonasmo!).
"Si, pero..."
Pues bueno, una novelita para estar entretenido, que ya es bastante (y no lo digo con ninguna ironía ni desprecio eh! No le quito ni un ápice al mérito de conseguirlo). Pero para quien busque algo más... Justito.
Para ilustrar el post y lo que vengo de decir, os dejo con Moderna de Pueblo y su "Cada vez tenía más amigos culturetas", en el que precisamente aparece la susodicha:
Argumento/Sujet ***
Creatividad/Creativité ***
Personajes/Personnages ***
Amenidad/Amenité ***
Vocabulario/Vocabulaire *****
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